Ya no encuentro relato que no envenene más esta sopa, todo puerto se mueve contaminado y dulce desde que te vi parir la despedida aquella. De la moneda que se esconde, la mirada, solo los tonos vivos se me pintan tan cercanos como ajenos, anchos en sus magnitudes nuevas, esquivos como abejas tintas de recuerdos que pican en mi memoria agujereada, y caen muertas marcando un camino hacia la puerta, hacia todas las puertas, escribiendo lineas que entiendo sin saberlas leer.

Ya no te extraño.

Las burbujas siguen subiendo, el gas se apaga calentando el día que anudaras en tu garganta. Tu cabello suelto me despeina las ideas, marchita las uvas, reseca el viento con el que me golpeo la cara en las veredas de piedra. Navego en la esfera nuevamente, y me siento tan atrapado como conforme en sus risueñas primaveras, en sus redondeados instantes tan paralizados como dormidos.

Fijas están tus notas, no voltean, envueltas de estrellas quebradas en accidentados dominios, lejanos ya a toda puesta de sol de estas largas costas que domino en tu ausencia. Recostada navegas y me asfixio de verte, anhelo tu verbo, dibujo tu silueta; pero eso no lo sabes, no te lo dicen esta noche en sus amarillas arenas.

Tus dedos antes escribieron versos en mi espalda, el braille corpóreo se lee a mano abierta como testamento en su piedra, como biblia que acepto en esta súbita condena.

Sí, ahora te extraño. La trenza es larga nuevamente y sigue en mi cartera. Ven a cortarme la boca, la hoja nos espera ya blanca y abierta. El tumulto de cielo navega una idea completa, la despedida que mengua una luna en espera.

No hay mas letras así que cierra la puerta... por fin.

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